Desde Boottle queremos ayudarte a valorar tus vinos favoritos. Antes de empezar, necesitas preparar el material necesario para iniciarte en el arte de la degustación.

Este material consiste en:

- Una copa de cristal o vidrio, bien limpia y ausente de olores que enmascaren los del vino.

- Lápiz y papel, el cual utilizaremos como fondo para valorar el aspecto y colores del vino.

- Una servilleta.

- El vino a catar.

Nosotros como catadores, también debemos  llegar al momento de la degustación en unas condiciones determinadas. Os aconsejamos que en el comienzo de la cata estéis en ayunas, ya que podremos encontrar los aromas, sabores, etc., de manera más fácil, puesto que nuestros sentidos estarán más despiertos. Además no debemos de ir perfumados ni llevar las manos con aromas que enmascaren a los del vino (tabaco, cremas, etc.).

La Fase Visual

Siempre llenaremos la copa hasta la parte más ancha, ni más ni menos, de este modo si catamos con más personas, todos veremos los mismos tonos, aspectos e intensidades colorantes. Además, esta cantidad de vino es suficiente para llevar a cabo el ejercicio de la cata.

Seguidamente volcaremos la copa y miraremos a través del vino, poniendo tras él un fondo blanco, de este modo podremos valorar su transparencia y limpidez.

Al volcar la copa observamos que se forma una especie de charco en forma de lengua; al centro de este se le llama corazón, a ambos lados se les llama laterales y al extremo superior punta o menisco. En cada una de estas zonas habrá un color diferente, advirtiéndose por lo tanto una variación.

Acto seguido valoraremos la intensidad colorante, también llamada “capa de color”. La intensidad colorante puede ser baja, media o alta. Si detrás de la copa tenemos la hoja escrita y podemos leer a través del vino, la intensidad será baja, si vemos la línea pero no podemos leer será media, y si ni siquiera vemos la línea será una intensidad colorante alta.

Los colores de un vino suelen ser muy variados, dependiendo de la variedad de la uva, su madurez, los métodos de elaboración, la crianza, la evolución en botella, etc.

En un vino tinto joven, suelen predominar los tonos rojos vivos, con variaciones violáceas. Cuando estos vinos tintos evolucionan, sus tonos vivos se apagan, pasando a tonos de fuego, anaranjados o tejas. Estos últimos podrían no ser tan agradables a la vista como los tonos de juventud, pero no debemos valorarlos como negativos.

Cuando hablamos de vinos blancos, la gama va desde los blancos pálidos hasta los tonos ambarinos. Los tonos verdosos significarán juventud, mientras que los amarillos oro nos hablarán de evolución.

En cuanto al aspecto, os dejamos algunos adjetivos que os ayudarán a valorar un vino:

Limpio – Brillante – Opalescente – Claro – Efervescente – Turbio

Esperamos que os haya gustado esta primera entrega y que utilicéis todos estos consejos en vuestra próxima cata.

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